El Fandango

EL FANDANGO EN ALMONASTER LA REAL Y SU CONTRIBUCIÓN A LA CULTURA POPULAR. Manuel Ángel Barroso Trujillo
 

EL FANDANGO


La primera vez que aparece el término gramatical “fandango” es a comienzo del siglo XVIII, aunque ya en el siglo XVI se usó para designar un cante popular como “esfandangado” (término claramente lusitano). Coincidente con el tiempo, aparece el término “fandanguillo”, pero con significado diferente, ya que mientras el fandango designó primitivamente un tipo de baile ejecutado por parejas, el fandanguillo se refirió a la modalidad del canto que lo acompañaba.
Todos los estudiosos del fandango coinciden el definirlo, en esencia, como un baile acompañado de canto, de origen árabe y que posteriormente, como aseguraba Manfredi, por extensión se aplicó el nombre al cante que se ejecutaba al compás de 3/4.
Independientemente de su concreto origen, lo que sí está claro es que desde Andalucía, su Patria, se extiende por toda la Península y aún fuera de ella, y que el fandango arábigo-andaluz sufre allá por donde llega un proceso de aclimatación, adquiriendo características y perfiles propios del lugar.
Podemos deducir, pues, que una de las principales características del fandango es su dispersión geográfica, que no sólo se hace patente en la Península, sino de forma fundamental en Andalucía, concretamente aún más en la provincia de Huelva.
Muchas son las clasificaciones que se han hecho del fandango, pero nosotros , por su simplicidad, queremos acogernos a la que los clasifica en cuatro grupos, citados sin ningún afán prioritario:
. Fandangos Malagueños, de una categoría flamenca excepcional debido al nivel interpretativo que en su ejecución siempre han alcanzado, entre ellos los que destacamos: la Rondeña, las Jaberas, los Verdiales, las Bandolás, y las propias Malagueñas.

  • Cantes de Levante, que incluyen las Tarantas, las Mineras, las Cartageneras y las Granaínas.
  • Fandangos Personales, sin compás fijo. “ad livitum”, de creación personal.
  • Fandangos de Huelva, los más ricos y variados, al decir de los estudiosos, unidos por un intenso aire familiar, entre los que se encuentran el de Almonaster, que hoy nos ocupa, junto a los de Huelva, Alosno, Valverde, Calañas, Encinasola y un largo etcétera, que confirma, una vez más, la características a la que anteriormente hacíamos mención: su amplia dispersión.

Superado ya el menosprecio al que, incompresiblemente, ha estado sometido el fandango, al ser considerado por algunos “puristas ” como palo menor del Flamenco, vivimos ahora un momento de máximo esplendor popular de esta faceta musical, y pensamos, sin pudor alguno, que debemos considerarlo como hijo legítimo y rama importante de ese árbol grande que es el Flamenco en Andalucía.

Hecha esta introducción, que considerábamos necesaria, pasamos a analizar el tema concreto que nos ocupa : el fandango en Almonaster la Real y su vinculación y contribución a la cultura popular.

Como dice Juan Gómez Hidalgo en su “Recorrido por los cantes de Huelva “ ... para situar debidamente, a efectos de clasificación primaria, geográfica, los fandangos de Huelva, hemos de considerar la provincia dividida en tres comarcas:
. La Sierra Alta, El Andévalo, con Alonso como foco central; y Huelva capital y su entorno.”

La Sierra es zona de fandangos galanes, musicales, bailables, de acompañamiento lento y sensual.Y en plena serranía dos pueblos diferentes mantienen el sentido profundo de su tradición fandanguera, a tenor de dos fisonomías y dos semblantes: Encinasola y Almonaster la Real.

En Almonaster, la riqueza de su patrimonio histórico-artístico es bien patente, y la existencia de variados estilos de fandangos no hace sino incrementarlo en el aspecto cultural, contribuyendo notablemente a enriquecer el bagaje patrimonial de esta villa y, por extensión, el de la Sierra.

Podemos clasificar los fandangos de Almonaster en tres grupos:

El Fandango de la Cruz, el Fandango de Almonaster, propiamente dicho, también conocido como el de Santa Eulalia y el Fandango aldeano.
Los dos primeros grupos aparecen muy vinculados a dos fiestas, las más señeras y tradicionales de Almonaster, fiestas de reconocido y contrastado interés antropológico: la Cruz de Mayo y la Romería de Santa Eulalia. El fandango aldeano, como su nombre indica, procede de las aldeas de Almonaster y se vincula a otro tipo de celebraciones, mucho más familiares y cerradas.
 

FANDANGOS DE LA CRUZ


Cuando Abril alborea comienzan en Almonaster los preparativos de la Fiesta de la Cruz, que se celebrará en trono al primer Domingo de Mayo.

Durante todo el mes, las dos Hermandades, el Llano y la Fuente, en sus respectivos locales, organizan toda la parafernalia que empleará en las fiestas y que durarán cuatro días: flores de papel, arcos de chubarba, limpieza y preparación de jarrones y macetas, mantones,...; y de forma absolutamente espontánea, como un preparativo más, comienzan a surgir las letras, líricas muchas, llenas de picardía y pique, otras, que ensalzarán la Cruz propia y atacarán la contraria. Letras que en el cante darán origen a dos tipos o dos estilos de fandangos: el de los Pinos y el de la Cruz, propiamente dicho.

El Fandango de los Pinos, o de la Noche de los Pinos, es un fandango alto, valiente, lleno de fuerza y vigor, aderezado en aguardiente. Sin duda llamará la atención de quién lo escuche, fundamentalmente la noche o la tarde de la jira, la alegría del cante y lo espontáneo e ingenuo de las letras, que conjugándose en perfecta armonía constituyen un todo musical de personalidad muy específica.

Este fandango, lleno de lirismo en ocasiones, se populariza en otras, para servir de soporte al pique que existe entre ambas cruces y que se manifiesta esplendorosamente cuando, en la noche del sábado al domingo, ambas se visitan cruzándose los cantes por fandangos en los que los más malparados suelen ser los representantes de ambas Hermandades; es decir, los Mayordomos y Directivos de la Cruz contraria, la propia Cruz como Entidad y, secundariamente, los que destacan por su actitud y comportamiento cruceros a lo largo del año.
No existe diferencia en los estilos y sí leves, en el acompañamiento del pandero. Es un fandango de grupo.


Pensé de echarte al olvido
y no te pude olvidar
soy como el pájaro herido
vuela siempre hacia el lugar
donde tuvo el primer nido.



Alto pino tiene piña
quien tiene piñas, piñones.
quien tiene amor tiene celos,
quien tiene celos, pasiones.
 

El agua fría en umbría
claramente dice nieve
y yo te vengo a decir
claramente si me quieres
como yo te quiero a ti.



Anda y vete al campo y llora
a la sombra de un granao,
que los hombres también lloran
cuando se ven despreciaos
como tu te ves ahora.

El Fandango de la Cruz es el que se canta principalmente en la peana de las cruces cuando se termina o comienza algún ritual dentro de la fiesta, como queriendo indicar el lugar matriz y origen del fandango crucero, sus raíces más íntimas.

Así, el Domingo de Chubarba, anterior al de la Cruz, cuando ambas Hermandades entran en procesión con las cargas de chubarba (arbusto que se utiliza para decorar el arco y las esquinas de la Cruz), lo hacen entonando el Romero, un canto que, por su singularidad musical y literaria, merecería un estudio aparte; y cuando han dado las preceptivas y reiteradas tres vueltas a la Cruz, las serranas, voces limpias y trinadas de mujeres, alzan al aire de la tarde-noche las notas granadas y dulces de un fandango cadencioso y lleno de hondura, sentimiento e ingenuidad, en el que se ensalzan y alaban las virtudes y méritos de cada Cruz. De igual modo, cuando ha terminado el Romero, o cuando se entrega la mayordomía, y siempre que, en definitiva, como apuntábamos anteriormente, haya que partir de la Cruz o llegar a Ella.

También es fandango de grupo, bullangero, y la pandereta, sin duda, marca el ritmo y las diferencias.

Llegados aquí, debemos destacar la importante aportación que hacen las aldeas de Aguafría y Las Veredas al fandango de la Cruz. Particularmente las Veredas, que mantiene una variante del fandango crucero y, sobre todo, matiza valores y perfiles propios en el fandango “repicao”, llamado así por el repique que se hace en el pandero al acompañarlo. Estos fandangos tienen clara ascendencia de los de la Cruz de Almonaster, aunque, repetimos, adquieren categoría de estilo propio por las aportaciones tanto musicales como literarias que hacen año tras año las cruceras. Actualmente, sólo las Veredas y Aguafría, como aldeas, mantienen viva la tradición en las Fiestas de la Cruz .

Fandango de la Cruz del Llano
¡Viva el Llano, viva el Llano!
ahora y siempre lo diré.
Donde quiera que me vaya
del Llano me acordaré.

 

Fandango de la Cruz de la Fuente
Soy de la Calle La Fuente
del pueblo de Almonaster
donde hay tan poquita gente
poquita, pero con fe.

 

Fandango Cruz del Hoyo (Las Veredas)

Me distes agua y veneno
con la intención de matarme
pero como Dios es tan bueno
al vaso le mando un aire
  el agua cayó en el suelo.

 

 

FANDANGOS DE SANTA EULALIA

El tercer sábado de Mayo el pueblo de Almonaster, unido en la fe y la devoción a Santa Eulalia, peregrina en Romería a la Dehesa de la Agujuela, paraje inconmensurable, donde el Odiel, el Zancolí y el Romero ponen letra y música a un fandango de estilo largo y preciosista: el fandango de Almonaster, también conocido por el de Santa Eulalia.


El Odiel y el Zancolí
se unieron en un abrazo.
de testigo, Santa Eulalia
el tamboril y el fandango.

La Romería de Santa Eulalia, una de las más antiguas de España según se hace constar en un documento de 1606 que se conserva en el Archivo Municipal de Almonaster la Real, se celebra en Pascuas de Pentecostés, esto es, en torno al tercer sábado de Mayo.

A 20 kilómetros de la localidad se encuentra la Ermita de Santa Eulalia, erigida en honor de la Santa emeritense sobre los restos de un edificio funerario romano del siglo I, sepulcro turriforme de la época imperial y vestigio importante del asentamiento romano enla zona.
Debió levantarse a mediados del siglo XV y constituye una hermosa muestra de la arquitectura religioso-rural de la época. Su interior aparece decorado con pinturas murales al fresco, descubiertas en las obras de restauración de 1972 y datable a finales del siglo XV. Allí el fandango se hace rezo profundo y hondo.


Cruzo jarales y encinas
reina del Odiel, por verte
pa’ que nos des buena suerte
Tú, santa Eulalia bendita,
¡Enséñanos a quererte!

Completa el conjunto histórico-artístico un viejo coso taurino, de antigua y pétrea arquitectura, del que se tienen noticias documentadas, al menos, desde 1678, en documento en el que se describe el pleito que entabló la Cofradía de Santa Eulalia contra la de la Vera Cruz, concretamente contra su Mayordomo, Francisco Cortés, a causa del incumplimiento por parte de este último de un trato referido a un toro que se tenía que lidiar en el Coso de Santa Eulalia. Destacamos el dato no sólo por significar la fecha del uso del coso taurino, 45 años antes, por lo menos, del de Campofrío (Huelva), datado en 1725 y considerada como la Plaza de Toros más antigua de España; también es significativo el dato porque certifica la existencia de, al menos, una Hermandad de la Santa Cruz, lo que acredita también lo ancestral de esa fiesta; y finalmente, porque corrobora el dato de la celebración de la Romería desde el siglo XVII. (El documento a que hacemos referencia aparece perfectamente estudiado en un artículo de D. Isidoro Palomo, publicado en las primeras ediciones de Zancolí)
En tan singular paraje tiene y adquiere vida propia el fandango de Santa Eulalia, denominado así por tener a la Santa y a la fe y devoción que el pueblo de Almonaster le profesa, como uno de sus temas centrales.

Hay una imagen chiquita
a orillas del río Odiel
en la que tengo mi fe.
Es Santa Eulalia bendita,
orgullo de Almonaster.


La Virgen de Santa Eulalia
la que más altares tiene;
no hay uno en Almonaster
que en su pecho no la lleve.

 

tros temas que ilustran este fandango surgen de los momentos peculiares que jalonan el transcurrir de la romería: . El poleo, Las paradas del camino, El toro, La tarde del río - donde se pone de manifiesto la verdad del cante y el baile de este fandango -, El paisaje, La ronda de madrugada…

Este fandango presenta dos modalidades en el estilo: uno corto y otro largo; de cinco y seis tercios cantados, respectivamente. Ambos preciosistas y expresan de una forma candorosa y sencilla, casi ingenua, el sentimiento de todo un pueblo que se hace romero en Mayo y peregrina masivamente unido y hospitalario a la Dehesa de la Agujuela, a rendir culto y devoción no sólo a la Santa, sino a todo lo que la fiesta romero conlleva.

La musicalidad sencilla de este fandango lo hace ser muy pegadizo; sin embargo, ha sido claramente distorsionado en numerosas versiones discográficas, viciadas no sólo en el estilo sino también en la letra. Hay, no obstante, numerosas muestras en sentido contrario, que se acercan mucho más al popular estilo que se le da en esta tierra.

Es, sin duda, el estilo más conocido fuera de Almonaster. Es también fandango de grupo, de romería, de fiesta, alegre y bullanguero y, a la vez, hondo y de sentimientos profundos. A su peculiaridad musical une la característica de ser bailable.

El baile de este fandango es alegre, cadencioso en ocasiones. Se ejecuta por parejas y donde mejor pueden apreciarse su singular arcaísmo y belleza es a orillas del Zancolí y la rivera de Sta. Eulalia, en la tarde del río, cuando la conjunción hombre-naturaleza llega a su culmen en esta fiesta romera.

Se suele acompañar con flauta y tamboril, con guitarras y castañuelas.

 

EL FANDANGO ALDEANO


Para que se hagan una idea del singular poblamiento de Almonaster, sepan que en el siglo XV existían en su término 25 aldeas o pedanías (Veredas, Arroyo, Acebuches, Calabazares, La Corte que sería de Gil Márquez, Jabugo, El Castaño, Rincomalillo, Aguasteñidas, Monte Romero, Cueva de la Mora, Santa Ana, El Patrás, La Juliana, Los Serpos, ...). Desde entonces, muchas han ido despoblándose, llegando incluso a desaparecer; de forma particular, las minas, debido al cierre de su actividad. Otras se convirtieron en municipios independientes.

Actualmente, son 14 las aldeas que pueblan el término municipal de Almonaster la Real, cada una con sus peculiaridades específicas, lo que otorga al conjunto una singularidad probablemente única en Andalucía.

Pues bien, en este ambiente apacible y sereno, sencillo y callado, se ha guardado como oro en paño, en las viejas arcas de la sabiduría y tradición populares, una auténtica joya del fandango: el aldeano. Un fandango antiguo, como una pavana cadenciosa, decadente y romántica: manifestación pura del sentimiento fandanguero de esta zona, que también se plasma en el parsimonioso, lento, sentido y evocador baile que lo acompaña. Se conservaba en las aldeas de Calabazares y Escalada, y asomaba a la luz siempre que se celebraba una fiesta o reunión familiar.

Es canto de amor, individual y se acompaña con guitarras y castañuelas.


El árbol del querer bien
no tiene más que una rama
  y para subir a el
es preciso que otro caiga
  y a mi me toco el caer.

Me dormí bajo la sombra
de un arbolillo frutal
soñé que contigo hablaba
  y era una alondra real
que en la rivera cantaba.

Dos pájaros en un almendro,
los picos se estaban dando.
Con recelo los miraba
porque me estaba acordando
de cuando tú me besabas.

Dale planta a ese sombrero
  y enderézale ese ala
que esa carita de cielo
quiero verla destapada.

Aquella casita blanca
que está en medio de olivares
ni la alquilo ni la vendo
me la regaló mi padre
Y esa es la herencia que tengo